Nunca me casé ni bailé con otro hombre después de que mi novio del instituto desapareciera la noche del baile de graduación en 1985; la semana pasada, una niña pequeña me entregó el boutonnière que él llevaba aquella noche.

A mitad de camino, se dio la vuelta. Levantó una mano. Y puso esa sonrisa ridícula que siempre hacía que lo perdonara por llegar tarde.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *