Lo verdaderamente importante estaba con ella.
Y Sergio todavía no sabía que una pequeña cámara permanecía encendida dentro de la maleta desde el momento en que Lucía cruzó la puerta.
Nuria volvió a meter la mano.
Entonces sus dedos encontraron el dispositivo.
Lo sacó lentamente.
Sergio palideció al reconocerlo.
Lucía extendió la mano.
—Déjalo ahí.
Nuria miró a su hermano.
—¿Qué es esto?
—Nada —contestó Sergio demasiado rápido.
Lucía dio un paso hacia ellos.
—Entonces no tendrás problema en que lo revisen.
La palabra “revisen” cambió el ambiente.
Sergio dejó de mirar la maleta y fijó los ojos en la carpeta.
Lucía entendió algo importante.
La póliza no era el único problema.
Era la razón por la que alguien podía haber necesitado que ella creyera que Carmen estaba bien.
Carmen había escuchado la conversación desde arriba.
—Lucía —llamó.
Su hija volvió a la habitación.
—Aquí estoy.
—La autorización —dijo Carmen—. Yo vi cuando la trajeron.
Lucía se sentó junto a la cama.
—¿Quién la trajo?
Carmen respiró con dificultad.
—Sergio.
—¿Qué te dijo?
—Que era para que tú pudieras seguir trabajando tranquila.
Lucía miró nuevamente la firma.
—¿Te pidió que firmaras algo?