Maribel sacó una tercera hoja. —Y hay algo más.
Martín levantó la cara, asustado. —¿Más?
Ella asintió. —No solo pagué el terreno. También aparté material: cemento, varilla, block. Don Ernesto tiene un primo albañil que nos va a ayudar a levantar primero 2 cuartos y el baño. No va a quedar bonita al principio, pero va a ser nuestra.
Martín empezó a llorar en silencio, con la cara torcida, los hombros vencidos y la vergüenza atravesándole el pecho. Maribel se acercó despacio, le tomó la mano y lo abrazó con ternura. Sabía que a partir de ese día, comenzarían a construir no solo una casa, sino un verdadero hogar.
fin.