Y en ese momento, Adam finalmente comprendió la lección más importante que aquel juez le había enseñado:
La verdadera justicia no consiste únicamente en castigar a las personas por sus errores. A veces, la verdadera justicia consiste en darles la oportunidad de mejorar.
Y aquel acto de bondad, ocurrido muchos años atrás en una sala de audiencias abarrotada, no solo cambió una vida…
Había creado a un hombre que dedicaría el resto de su vida a cambiar la vida de los demás.