Le Dio Un Riñón A Su Esposo Y Él Volvió A Una Casa Que Ya No Existe-dynana

Al acercarse a la calle, empezó a notar movimiento frente a la propiedad.

Primero vio una sección ennegrecida.

Luego distinguió las ventanas sin vidrios.

Después apareció el hueco oscuro donde antes estaba una parte del segundo nivel.

 

Víctor pidió que detuvieran el coche.

Rita dejó de hablar.

Durante varios segundos ninguno de los dos abrió la puerta.

La casa de tres niveles que Víctor había descrito con tanta seguridad desde su cama de hospital estaba convertida en una estructura quemada, húmeda y parcialmente acordonada.

El jardín tenía restos ennegrecidos.

 

Una pared estaba manchada de humo.

El garaje seguía ahí, pero ya no parecía la entrada de la propiedad que Víctor había usado como moneda para comprar tiempo con Rita.

— ¿Qué pasó? —preguntó ella.

Víctor no respondió.

Bajó con dificultad.

Cada paso le recordaba que apenas estaba saliendo de un trasplante, pero siguió avanzando hasta que Teresa lo vio desde su casa.

 

La mujer cruzó la calle.

—Don Víctor.

—¿Dónde está Ana?

Ni siquiera preguntó primero por el incendio.

Teresa lo notó.

—No sé dónde está viviendo.

—Ella estaba aquí cuando empezó esto?

Teresa tardó apenas un segundo en comprender la acusación escondida en la pregunta.

—Ana salió antes.

Víctor levantó la vista.

 

—¿Está segura?

—La vi con su maleta.

Teresa señaló hacia la avenida.

—Estuvo esperando el autobús del otro lado. Después vimos el resplandor y empezamos a gritar.

Rita se acercó unos pasos.

—Entonces, ¿se quedó sola?

Teresa la miró sin saber quién era.

—Yo sólo le estoy diciendo lo que vi.

 

Eso bastó para destruir la primera explicación de que Víctor había comenzado a construir en su cabeza.

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