Álvaro tomó las llaves.
Marta permaneció junto a la mesa servida.
La cena que había preparado para demostrar que todo estaba bajo control terminó siendo la escena que reveló lo contrario.
Afuera, la noche seguía igual de fría.
Pero por primera vez en meses, Carmen no tuvo que fingir que estaba acostumbrada.
Álvaro cerró la puerta detrás de ellos.
No sabía todavía qué consecuencias tendría lo que había descubierto.
Tampoco sabía qué intentaba hacer Marta con los documentos que sus padres se habían negado a firmar.
Eso tendría que resolverse después.
Lo que sí sabía era algo mucho más sencillo.
Los 4,000 euros mensuales no habían sido solamente dinero perdido.
Habían creado una dependencia que Marta terminó utilizando para decidir por sus padres.
Y el cuarto junto a la cocina había dejado de ser un simple espacio incómodo.