Rosa dejó caer la carta.
—¿La casa?
El doctor asintió.
—La propiedad está a nombre de ambos desde hace años. Miguel hizo cambios legales para asegurarse de que nadie pudiera quitársela a la familia.
Rosa miró a su esposo.
—¿Por qué?
Miguel respondió:
—Porque aunque me lastimaste… nunca dejé de querer que estuvieras segura.
Rosa lloró.