Joaquín bajó la voz.
—Tu hermana decía que era por nuestro bien.
—¿Y tú le creíste?
—Al principio.
—¿Cuándo dejaste de creerle?
Joaquín miró hacia la puerta.
—Cuando quiso que firmáramos algo.
Álvaro se quedó inmóvil.
—¿Qué cosa?
—No firmamos.
—¿Qué era?
Joaquín negó con la cabeza.
—No lo sé. Solo nos dijo que era para ordenar nuestros asuntos.
Álvaro pensó en su llamada con la abogada.
No había llamado para provocar una pelea.
Había llamado porque necesitaba saber qué podía hacer sin poner a sus padres en una situación peor.
Ahora tenía una razón concreta para no marcharse sin actuar.
Regresó a la mesa.
Marta estaba hablando con Iván en voz baja.
Al verlo, Iván se levantó.
—Álvaro, yo puedo explicarte.
—Hazlo.
Iván miró a Marta.
Ella negó con la cabeza.
Él siguió hablando.
—Yo sabía que ella administraba el dinero.
Álvaro apretó la mandíbula.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace unos meses.
—¿Y sabías que mis papás no tenían acceso?
Iván tardó en contestar.
—Sabía que Marta manejaba las cuentas de la casa.