Una barrera que parecía intencional
Emma extendió su mano con cuidado para acariciar a la vaca, pero Bella retrocedió y volvió a colocarse atravesada en la entrada. La joven pensó que tal vez el animal tenía miedo de algo.
—¿A qué le tienes miedo? ¿Hay algo ahí adentro? —preguntó en voz alta.
Cada vez que Emma intentaba pasar, Bella giraba y le cerraba el camino nuevamente. La preocupación empezó a crecer. Era evidente que la vaca no quería, bajo ninguna circunstancia, permitirle entrar al establo.
De pronto, desde el interior se escuchó un extraño crujido, como si algo se moviera lentamente entre la paja seca. Emma sintió un escalofrío recorrer su espalda. Bella volvió a mugir con fuerza y se acercó aún más a la entrada, como reafirmando su decisión de no dejarla pasar.