La frase me desconcertó.
—¿Dos semanas?
El hombre mayor se puso de pie.
—Señor Miller, permítame presentarme. Soy James Whitmore.
El apellido me sonó.
Pero no sabía de dónde.
Él extendió la mano.
—Soy el abogado personal de la familia Whitmore.
Entonces lo recordé.
La familia Whitmore.
Una de las familias empresariales más importantes del país.
La mujer frente a mí no era una desconocida.
Era Victoria Whitmore.
La heredera de un grupo de compañías valorado en miles de millones.
Me quedé en silencio.
Victoria observó mi expresión.
—Ahora entiende por qué mi tarjeta de identificación no estaba conmigo aquel día.
Negué lentamente.
—No sabía quién era.
—Precisamente por eso quería hablar contigo.
Se sentó nuevamente.
Yo hice lo mismo.
James abrió el maletín.
Dentro había una carpeta.
La colocó sobre la mesa.
—Esto no es una compensación por haber ayudado a la señora Whitmore.
Lo miré.
—No hice nada esperando recibir algo.
Victoria asintió.