Sentí que la sangre se me bajaba a los pies.
—¿De quién?
—De una mujer llamada Isabella Vázquez.
El nombre me golpeó. Isabella. La becaria de 24 años que David había presentado en una cena de su empresa como “una promesa brillante”. Una muchacha de sonrisa dulce que me abrazó esa noche y me dijo:
—Ojalá algún día yo sea tan elegante como usted.
Yo, idiota, le había sonreído.
Patricia siguió hablando.
—Además hay compras en hoteles, restaurantes de lujo, boutiques. Si conseguimos probar que fingió el viaje para ocultar bienes y abandonar obligaciones, podemos pedir medidas urgentes: congelamiento de cuentas, embargo preventivo y divorcio con compensación.
—Hágalo.
—Necesito una prueba sólida de dónde está David.
Salí del despacho y fui directo a la empresa de mi esposo, Nexa Capital, en Santa Fe. La recepcionista me reconoció y me dejó pasar. Subí hasta dirección general y pedí hablar con Ana Sofía Montes, jefa directa de David.