Mi esposo metió a sus padres en mi casa y me dijo: “Cuídalos mientras estoy fuera.” Pero no se iba a Tokio por trabajo… se fue a Los Cabos con su amante. Yo sonreí, lo despedí en el aeropuerto y, cuando desapareció detrás del control de seguridad, cancelé sus 6 tarjetas, pedí el divorcio y dejé todo su mundo reducido a cero.lksr PARTE 1 —¿Entonces tus papás se van a quedar conmigo 4 años mientras tú te vas a Japón con otra mujer? Eso no lo dije en voz alta aquella noche. Solo lo pensé, con una calma tan fría que hasta me dio miedo reconocerme. La lluvia caía sobre la Ciudad de México como si alguien hubiera roto el cielo encima de Polanco. Desde el ventanal de nuestro departamento en Campos Elíseos, veía las luces de los coches partirse en el pavimento mojado. Detrás de mí, en mi sala impecable, mis suegros reían como si ya fueran dueños de todo.lksr Mi esposo, David Rangel, acababa de anunciar durante la cena que su empresa lo enviaría a Tokio por 4 años.

Sentí que la sangre se me bajaba a los pies.

—¿De quién?

—De una mujer llamada Isabella Vázquez.

El nombre me golpeó. Isabella. La becaria de 24 años que David había presentado en una cena de su empresa como “una promesa brillante”. Una muchacha de sonrisa dulce que me abrazó esa noche y me dijo:

—Ojalá algún día yo sea tan elegante como usted.

Yo, idiota, le había sonreído.

Patricia siguió hablando.

—Además hay compras en hoteles, restaurantes de lujo, boutiques. Si conseguimos probar que fingió el viaje para ocultar bienes y abandonar obligaciones, podemos pedir medidas urgentes: congelamiento de cuentas, embargo preventivo y divorcio con compensación.

—Hágalo.

—Necesito una prueba sólida de dónde está David.

Salí del despacho y fui directo a la empresa de mi esposo, Nexa Capital, en Santa Fe. La recepcionista me reconoció y me dejó pasar. Subí hasta dirección general y pedí hablar con Ana Sofía Montes, jefa directa de David.

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