Entonces llegó un mensaje de mi amigo Esteban, experto en ciberseguridad.
“Encontré algo. David no salió del país. Y Mariana… no está solo.”
Miré la pantalla sin parpadear.
No podía creer lo que estaba a punto de descubrir.
PARTE 2
A la mañana siguiente no fui a la oficina. Me puse un traje azul marino, labios rojos y llevé todos los estados de cuenta a un despacho de abogados en Reforma.
La licenciada Patricia Beltrán, una abogada familiar temida hasta por los notarios, revisó los papeles en silencio. Cada hoja que pasaba parecía pesar más.
—Mariana —dijo al fin—, esto no es solo una infidelidad. Tu esposo lleva meses desviando dinero de la sociedad conyugal.
—¿Cuánto?
Patricia se quitó los lentes.
—Al menos 1.6 millones de pesos. Transferencias pequeñas, disfrazadas como consultorías, software, viáticos. Todo terminó en una cuenta ligada a una empresa de papel.