Ella no vive amargada
Y sí, me va a dar el niño que quiero.
Me congelé.
Pero lo peor llegó después.
Ofelia,
Que había oído todo desde el pasillo,
Entró en el dormitorio
Como si la conversación también le perteneciera.
—Dejen de actuar ofendidos
—me lo dijo—.
La otra chica está embarazada
Embarazoy maternidad
Y necesita cuidado.
Si fueras inteligente,
Aceptarías que vine a vivir aquí.
Así es como los dos cuidan la casa
Y es más barato.
No recuerdo sentirme tan avergonzado
En toda mi vida.
Esa misma mañana,
Mientras Ximena dormía con la boca medio abierta
y un puño cerrado en la manta,
Tomé la decisión más dolorosa
Y más digno de mi vida:
Pida el divorcio.
El día de la audiencia,
Rodrigo escribió sin siquiera mirar a su hija.
Ofelia esperaba hasta el final para acercarse,
Mírame arriba y abajo
Y escupe esa sentencia en mí frente a la corte:
—A partir de hoy,
Lo que pase con tu vida
Y la de esa chica
Ya no es nuestro negocio.
Me fui con una bolsa de pañales,
Una niña de dos años
Y el corazón roto.
Sin tu propia casa,
Sin un peso de pensión
Y sin que nadie me extienda la mano.
Lo único que tenía era a mi hija.
Y aún no lo sabía
Que la misma familia que nos despreciaba Familia
Iba a regresar diez años después
Para rogarme de rodillas
Algo que nunca imaginé…
PARTE 2
Saliendo del divorcio, mi ex suegra me escupió:
Salí de la cancha con Ximena dormida en mi hombro, la bolsa de pañales colgando de mi brazo y una sensación tan brutal de vacío que a veces pensaba que mi cuerpo se iba a dividir en dos. No tenía un coche. No tenía su propia casa. No tenía una cuenta secreta de ahorros o una tía rica dispuesta a rescatarme. Tenía veintiocho años, tenía una hija de dos hijos, un matrimonio en cenizas y una frase pegada en su alma como un hierro ardiente: