Una de las trillizas emitió un pequeño hipo húmedo, casi como si intentara portarse bien. Ese sonido, tan frágil, fue suficiente para que Noah entendiera que ya no había marcha atrás.
El comienzo de una nueva vida
Cargar tres sillitas de bebé por las escaleras estrechas hasta un departamento diminuto fue solo el primer obstáculo. Después vendrían las noches sin dormir, los turnos dobles convertidos en triples, los pañales comprados en oferta, las visitas al pediatra pagadas a plazos y las mil preguntas sobre si estaba haciendo las cosas bien.
Durante años, Noah se preguntó una y otra vez si estaba a la altura. Si un hombre soltero, sin experiencia y con un ingreso modesto podía realmente criar a tres niñas sanas, seguras y felices. Cada logro pequeño —el primer diente, los primeros pasos, la primera palabra— llegaba acompañado de dudas y del temor constante a fallar.