200 pesos.
Valeria lo miró.
—¿Todavía?
Mateo sonrió.
—Algunas cosas no cambian.
Y por primera vez, ella entendió que aquella pequeña cantidad nunca había sido una propina.
Era un recuerdo.
Una promesa.
Y la prueba de que un acto de bondad que parece pequeño puede atravesar décadas y regresar cuando menos se