PARTE 2 Evidencia del robo de joyería en Plaza Altavista

—Papá, la verdad es que creo que debería quedarme aquí —dijo Daniela en voz baja. Levantó su teléfono inteligente y lo sostuvo a la vista—. Porque creo que la tía Leticia también debería unirse a esta conversación…

La expresión de Óscar se congeló. El color desapareció visiblemente de su rostro cuando el nombre salió de los labios de Daniela. —¿De qué estás hablando? Leticia no tiene nada que ver con esto.

Daniela tocó su pantalla y desbloqueó el archivo de audio que había grabado esa misma tarde. El sonido claro e inconfundible de la voz de Leticia llenó la sala: “Ya está. Lo dejé donde dijiste… Óscar, yo ya cumpli. Ahora tú cumple lo que me prometiste”.

Mariana salió de la cocina con un vaso de agua en la mano y el ceño fruncido, completamente confundida. —¿Qué es eso? Daniela, ¿a qué estás jugando?

—Esa es una grabación de hace dos horas, mamá —dijo Daniela, levantándose del sofá y acercándose a su madre—. Mientras estabas en el trabajo, la tía Leticia entró a este apartamento con su llave. Metió en tu bolso lo que creía que era una pulsera de esmeraldas robada de Plaza Altavista, por orden de papá. Planeaban llamar a la policía antes de las siete de la noche para que te arrestaran como principal sospechosa del robo de cuatro millones de pesos.

—¡Eso es absurdo! —gritó Óscar, dando un paso al frente con enojo—. ¡Se lo está inventando! ¡Está enferma y confundida!

—Tengo el vídeo de ella haciéndolo, papá —dijo Daniela con firmeza, su voz cada vez más firme—. Tengo el vídeo con marca de tiempo de ella abriendo el bolso de mamá, la foto en primer plano de la pulsera que coincide con la noticia del periódico y la conversación de audio completa donde te nombra a ti como el cerebro detrás de todo. Y todo está guardado en una unidad en la nube que envía automáticamente los archivos a la fiscalía municipal si introduzco un código sencillo en este teléfono…

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