No contesté ninguna.
Daniel apareció con café.
—Esto está explotando.
Me mostró las redes sociales.
La aerolínea estaba siendo bombardeada con preguntas.
Miles de personas exigían saber por qué habían expulsado a una pasajera con boleto válido.
Otros preguntaban por las medicinas destruidas.
Un periodista médico había confirmado públicamente mi identidad.
—No me importa —dije.
—Debería importarte un poco. La aerolínea acaba de decir que tú “representaste un riesgo para la seguridad”.
Levanté la mirada.
—¿Eso dijeron?
—Comunicado oficial.
Daniel leyó:
—“La pasajera fue desembarcada debido a comportamiento agresivo y negativa a seguir instrucciones de la tripulación”.
Sonreí.
—Perfecto.
Daniel me conocía demasiado bien.
—Esa sonrisa me preocupa.
Abrí mi computadora.
Guardaba todos los documentos.
Boleto.
Confirmación de asiento.
Registro de embarque.
Correos con la aerolínea.
Y, más importante aún, tenía fotografías tomadas minutos después del incidente.
Marcas en ambos brazos.
Maleta destruida.
Medicamentos aplastados.
También había pedido en el mostrador que dejaran constancia escrita del motivo real de mi expulsión.
Se habían negado.
Pero toda la conversación había quedado registrada por varias cámaras del aeropuerto.
—¿Vas a demandarlos?
—Todavía no.
—¿Entonces?
—Primero quiero ver hasta dónde están dispuestos a mentir.
En Nueva York, Ethan empeoraba.
Su ritmo cardíaco se volvió inestable.
Los médicos consiguieron estabilizarlo temporalmente, pero todos sabían que la situación era precaria.
Claire entró en su habitación.
Su hermano tenía cables en el pecho y una vía central colocada en el cuello.
—¿Encontraron a Amelia? —preguntó él.
Claire negó con la cabeza.
—Todavía no.
—¿Sabes qué pasó?
Ella dudó.
Luego le contó todo.Cuando mencionó las ampollas destruidas, Ethan cerró los ojos.