PARTE 2: LA FIRMA FALSA Advertisements

—¿Cómo sabes que escuché algo?

Silencio.

Demasiado largo.

Entonces entendió.

—¿Héctor te dijo?

Victoria suspiró.

—Solo quiere proteger lo que construyó.

Mariana cerró los ojos.

—¿Lo que construyó?

Repitió.

—Mi padre dejó ese dinero para mí.

—Tu esposo tiene derecho como cabeza de familia.

Mariana sonrió con tristeza.

Incluso ahora.

Incluso descubierta.

Seguía creyendo que ella no tenía derecho sobre su propia vida.

—Gracias, mamá.

—¿Por qué?

—Porque acabas de confirmar que estabas involucrada.

Colgó.

Dos días después, Héctor llegó a casa con una carpeta.

Pero esta vez no venía sonriendo.

—¿Qué hiciste?

Mariana estaba sentada en la sala.

Tranquila.

—Nada.

—No mientas.

Arrojó el teléfono sobre la mesa.

Había un correo abierto.

Una notificación bancaria.

Una orden preventiva.

Sus cuentas estaban bajo revisión.

—¿Me denunciaste?

Mariana lo miró.

—No.

Pausa.

—Te defendí de mí misma.

Él frunció el ceño.

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