Encontraron a esa niña acurrucada silenciosamente bajo un pino caído. Estaba medio fr*zen y a solo unas horas de distancia del corazón total f*il*re.
“Arthur, me sacaste de la cresta de Blackwood en diecinueve noventa y nueve,” sollocé, agarrando el borde helado de la ventana del camión. “Soy Sarah. Tú y Duke me salvaron la vida absoluta”.
Los ojos cansados de Arthur se abrieron en la oscuridad.
Su temblor, mano callosa extendió lentamente a través de la grieta de la ventana abierta.
– La pequeña Sarah -se quedó sin aliento-. Me miró fijamente como si acabara de ver a un gh*st vivo. “Tú *viviste. En realidad creciste”.
Le agarré la mano de fr**zing con la mía, aferrándome lo más fuerte que pude.
“¿Por qué estás aquí? ¿Qué diablos te pasó?”
Lo que me dijo a continuación, sentado en ese estacionamiento congelado y vacío, hizo que mi sangre hierviera.