Pero habían hecho justo lo contrario.
Le habían recordado a mi hijo que la familia nunca debería exigir que alguien desapareciera solo para que los demás se sintieran cómodos.
Así que aquí va la verdadera pregunta: cuando mantener la paz significa perderte a ti mismo, ¿te quedas callado para proteger la relación, o al fin te atreves a hablar y te arriesgas a cambiarlo todo?