“¿Cómo te llamas?”
“Adán, señor.”
“Adán, quiero que recuerdes este día.”
“Lo haré, Su Señoría.”
“No porque hayas robado pan. Recuérdalo porque ese día aprendiste que un error no tiene por qué definir toda tu vida.”
“¿Cómo te llamas?”
“Adán, señor.”
“Adán, quiero que recuerdes este día.”
“Lo haré, Su Señoría.”
“No porque hayas robado pan. Recuérdalo porque ese día aprendiste que un error no tiene por qué definir toda tu vida.”