Fruncí el ceño.
—No entiendo.
El hombre caminó hasta el fondo del taller.
RevistasAllí había una estación completamente equipada.
Herramientas nuevas.
Planos.
Madera de la mejor calidad.
Y una placa de bronce.
“Reservado para Daniel.”kara
Me quedé sin palabras.
El anciano habló con calma.