Solo el sonido del agua que sale del baño.
Entré lentamente.
La puerta del baño no estaba completamente cerrada.
Había una pequeña grieta.
La luz blanca escapó en el pasillo.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
Me acerqué.
Y… miré dentro.
Alejandro estaba arrodillado junto a la bañera.
Sofía se quedó pequeña, con los hombros temblando ligeramente.
En sus brazos, los moretones eran más visibles que nunca.
Alejandro sostenía una toalla caliente, pasándola suavemente sobre cada marca.
Su voz era baja, tranquila… casi reconfortante.
“Está bien… eres muy fuerte”, le dije. “No dejes que te vean llorar”.