Durante 3 años Lucía confundió distancia con carácter. Cenó sola, celebró aniversarios sola y aterrizó después de vuelos difíciles sin encontrar un solo mensaje suyo.
Clara reapareció 4 meses atrás, tras una larga recuperación y años viviendo fuera de Europa. Cuando Álvaro fue a recibirla a Barajas, Lucía lo vio correr, sonreír y abrazarla con las manos temblando.
Aquella imagen le enseñó la verdad: Álvaro no era frío. Solo había reservado su ternura para otra mujer.
Esa noche, Lucía colocó la demanda de divorcio junto al regalo tardío. Después leyó el correo de la aerolínea: traslado aprobado; salida el 17 de octubre; destino, Buenos Aires.
Faltaban 21 días.
Pensaba irse sin escenas, pero la familia Montenegro convirtió el cumpleaños de Clara en noticia social. Pilar, la madre de Álvaro, declaró delante de varios invitados que “algunas esposas ocupan una casa, pero otras ocupan el corazón”. Lucía oyó la frase desde la puerta y aun así entró para entregar los documentos que su marido había olvidado.
Álvaro ni siquiera advirtió que ella ya no llevaba la alianza.
3 días antes del vuelo, buscó un contrato en el escritorio de Lucía. Encontró su pasaporte, 2 maletas etiquetadas, un billete solo de ida y el convenio de divorcio ya firmado.
Por primera vez desde la boda, Álvaro sintió verdadero pánico. Pero debajo de los papeles había una nota con la letra de su madre: “Cuando Lucía se marche, las acciones volverán a estar donde siempre debieron”.
PARTE 2
Álvaro llamó a Lucía 6 veces. Ella respondió desde Barajas, entre anuncios de embarque.
—Vuelve a casa.
—Despego en 40 minutos.
—Que pilote otro.
—Hay 242 personas esperando que cumpla con mi trabajo.
—¡Soy tu marido!
—Nunca lo recordaste cuando yo te necesitaba.