Volví sin avisar a Valencia y escuché a mi padre pedir permiso para sentarse en la mesa que él mismo construyó. Mis padres cenaban en el cuarto de herramientas mientras Nuria brindaba en su salón. Ella dijo: “Mejor comed en vuestro cuarto para no molestar”. No discutí, bloqueé las cuentas y llamé a mi abogado, hasta que vi lo que mi padre escondía bajo la tabla.

—¿Y tú qué protegías?

Javier no tuvo respuesta.

Nicolás sacó del bolsillo una copia del recibo de venta del terreno de Sagunto y la dejó sobre la mesa.

—Papá vendió esto para salvarte. Y tú convertiste su ayuda en una excusa para seguir tomando.

Javier empezó a llorar, pero Nicolás no lo abrazó.Por primera vez en su vida, nadie iba a rescatarlo de las consecuencias.

—Mañana hablarás delante de ellos.

—Nuria me hundirá.

—Eso ya no es problema de papá ni de mamá.

La cena comenzó a las 20:30.

Carmen había preparado una tortilla de patatas y una ensalada como si quisiera aferrarse a una normalidad que ya no existía. Manuel se sentó junto a ella. Javier ocupó una esquina. Nuria dejó la carpeta frente a Nicolás.

Adrián llegó con varias copias de documentos. Pilar, la vecina, también fue invitada. Nuria protestó.

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