—¿Por qué?
Javier comprobó que Nuria no estuviera cerca.
—Porque hay papeles con mi nombre que tampoco entiendo.
Quedaron en verse en el antiguo taller de Manuel.
Javier llegó al anochecer. Parecía haber envejecido en pocos días.
Al principio quiso justificarse.
Dijo que él había sido el hijo que se quedó en Valencia mientras Nicolás viajaba. El que acompañó a sus padres al médico. El que escuchó sus quejas. El que estuvo allí cuando Manuel empezó con problemas de espalda y Carmen necesitó una operación de cataratas.
—Tú enviabas dinero —dijo Javier—. Yo estaba aquí.
—Y por estar aquí, ¿tenías derecho a quitarles la casa?
Javier apartó la mirada.
La verdad salió poco a poco.