Se acercó al muro del patio y escuchó a su padre.
—¿Podemos cenar hoy en el comedor?
Nuria respondió con una calma que dolía más que un insulto.
—Esta noche vienen amigos de Javier. Mejor comed en vuestro cuarto para no molestar.
Después Nicolás vio a sus padres llevar 2 platos hacia la antigua habitación de herramientas. Había 2 camas estrechas, cajas de cartón, un calefactor pequeño y fotografías familiares apoyadas en el suelo.
El dormitorio principal, donde Carmen había cuidado geranios durante décadas, ahora era de Javier y Nuria.
Nicolás estuvo a punto de entrar y echarlos de la casa.
No lo hizo.
Porque justo entonces Manuel levantó una tabla suelta bajo una de las camas, comprobó que algo seguía escondido allí y volvió a cubrirla con la alfombra.
Nicolás entendió que su padre no solo estaba soportando una humillación.
Estaba escondiendo una prueba.PARTE 2
A la mañana siguiente, Nicolás tocó el timbre fingiendo una visita sorpresa. Nuria palideció, pero en menos de 1 minuto transformó la casa: llamó “mamá” a Carmen, sirvió café a Manuel y aseguró que los 2 ancianos preferían dormir al fondo porque era “más tranquilo”.
Nicolás sonrió y fingió creerla.
Cuando pasó junto a su madre, Carmen deslizó un papel en su bolsillo.
“No preguntes delante de ellos.”
Horas después se encontraron en una cafetería. Nicolás abrió la aplicación bancaria: llevaba años enviando 3.000 euros mensuales. Carmen aseguró que solo recibían 600.
Las tarjetas estaban en poder de Nuria.
Los extractos mostraban transferencias a una asesoría vinculada a ella y pagos de deudas de Javier.
Pero el abogado de Nicolás encontró algo peor: informes médicos, declaraciones sobre supuestos olvidos y documentos destinados a presentar a Manuel y Carmen como incapaces de administrar su patrimonio.