Mi esposo entró a un hotel con mi mejor amiga creyendo que nadie los había visto. Envié seis fotos a su marido y él respondió: “Llevo ocho meses esperando esto”. Treinta minutos después, mi esposo suplicó: “Ven y dile que nuestro matrimonio está bien”. Me quedé en silencio, guardé el teléfono y llamé a una abogada… porque acababa de entender para qué me necesitaba realmente.

—¿Por qué mandaste esas fotos a Rodrigo?

Lo miré sin reconocerlo.

—Porque tenía derecho a saberlo.

—Pudiste preguntarme antes. Fernanda está pasando por problemas en su matrimonio.

Coloqué sobre la mesa la transferencia del departamento.

Su rostro cambió.

—Explícame esto.

—Era un préstamo.

—¿Dónde está el contrato?

Silencio.

Puse las demás hojas enfrente.

—¿También eran préstamos el collar, los hoteles y las clases de Sebastián?

Intentó quitarme los documentos.

No lo dejé.

—¡Me estás investigando!

—Estoy investigando mi dinero.

Esa misma mañana contraté a Mariana Salgado, una abogada especializada en divorcios y patrimonio.

Fue ella quien me advirtió:

—Si Alejandro sabe que descubriste las transferencias, puede intentar mover activos. Debemos proteger lo que existe antes de discutir lo que falta.

Horas después Rodrigo llegó con su abogado.

Entonces entendí por qué había respondido “Por fin”.

Ocho meses antes, una cámara de una unidad de su empresa de transporte había captado accidentalmente el automóvil de Fernanda entrando al estacionamiento del mismo hotel donde Alejandro aseguraba tener una reunión.

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