Pero Fernanda, furiosa al enterarse de que Alejandro intentaba responsabilizarla de todo, entregó sus conversaciones.
En una de ellas él escribió:
“Primero aseguremos el departamento. Después veremos cómo acomodamos todo.”
En otra:
“Claudia confía en mí. Nunca revisa las cuentas de la empresa.”
Y otra decía:
“Rodrigo vive ocupado con sus camiones. No se dará cuenta.”
Yo había pasado años ayudándolo a levantar esa constructora.
Cuando empezamos, Alejandro y yo vivíamos en un departamento diminuto en Portales.
Yo trabajaba de día y por las noches revisaba presupuestos, pagos a proveedores y proyecciones de flujo.
Incluso vendí un pequeño inmueble que había comprado antes de casarme para ayudar a cubrir una nómina cuando la empresa estuvo a punto de quebrar.
Alejandro siempre decía:
—Sin ti esta empresa no existiría.
Pero nunca formalizó el porcentaje de participación que me había prometido.