—Habla con Rodrigo. Tienen un hijo. Puede retirar la demanda.
Fernanda lo miró como si acabara de recibir una bofetada.
—¿Ahora te importa que mi familia siga unida?
Entonces me vio.
Y explotó.
—¡Él me dijo que tú jamás lo abandonarías! Me decía que ustedes sólo eran socios, que tú querías estabilidad y que mientras nadie descubriera nada, todos estaríamos bien.
Alejandro intentó callarla.
Pero Fernanda soltó algo todavía peor:
—Claudia, esto no empezó hace ocho meses.
Respiró profundamente.
—Empezó hace casi dos años.
Y lo que contó a continuación demostró que Alejandro nunca había cometido “un error”.
Había construido todo un sistema para mantenernos a los tres exactamente donde le convenía.
Pero faltaba descubrir la prueba que podía hacerle perder no sólo su matrimonio… sino también el control de la empresa que yo había ayudado a levantar desde cero.