Tras convertirse en padre o madre, esas cosas pueden seguir importando, pero coexisten con una definición de logro completamente diferente.
A veces, el éxito consiste simplemente en estar presente.
Se trata de encontrar tiempo para conversar a pesar de una agenda agotada.
Se trata de recordar qué es importante para un niño incluso cuando docenas de responsabilidades profesionales compiten por su atención.
Se trata de reconocer que la disponibilidad emocional puede ser tan importante como la presencia física.
La maternidad también enseña paciencia, porque los hijos no se pueden manejar como un proyecto profesional.
Crecen a su propio ritmo.
Toman decisiones inesperadas.
Hacen preguntas difíciles.
A veces necesito apoyo en momentos inoportunos.
Lo más importante es que son individuos, no extensiones de sus padres.
Aceptar esa verdad es una parte importante de la crianza de los hijos.
El objetivo no es crear una versión reducida de uno mismo, sino ayudar a otra persona a descubrir quién es.