Pero el momento más emotivo aún estaba por llegar.
El hombre guardó silencio un momento y añadió:
—Esta noche, cuando la vi, sentí como si ella hubiera vuelto por un instante.
Ya no pude contener mis emociones.
Una lágrima rodó lentamente por mi mejilla.
—Gracias —susurré.
El hombre asintió y volvió a su mesa.
Pero entonces noté algo.
Alguien más había escuchado nuestra conversación.
Amparo.
Mi hija estaba de pie a unos pasos.
Tenía los ojos llorosos.
Se acercó a mí.
—Mamá…
La miré.
Tomó mi mano.
—Me equivoqué.
Mi corazón se apretó.
—Solo quería protegerte —dijo—. Pero ahora entiendo que fui yo quien te hirió.
Durante unos segundos, ambas permanecimos en silencio.
Luego sonrió.
—Y por cierto… eres la mujer más hermosa de toda la fiesta esta noche.
Reí entre lágrimas.
Y por primera vez en muchos años, me sentí joven otra vez.