Entonces dijo algo que hizo que todo el lugar se quedara en silencio.
“Dios mío”. —Antes de celebrar hoy, hay algo que debes saber sobre el hombre al que llamas “padre”.
Miré a papá. Él miraba a la mujer con terror.
—¿Papá? —le di un codazo.
No respondió.
La mujer lo señaló—. Ese hombre no es tu padre.
Se oyeron jadeos entre la multitud.
Miré de su rostro al de él, intentando comprender si era una broma.
—Ese hombre no es tu padre.
Me parecía imposible, como si me acabaran de decir que el cielo era marrón.
La mujer dio un paso más hacia mí. —Me te robó.
Papá pareció reaccionar entonces.
Negó con la cabeza. —Eso no es cierto.
Es cierto, Liza, y lo sabes. Al menos no del todo.
—¿Qué? —pregunté.
Entonces los susurros se hicieron más fuertes. Los padres se miraron entre sí. Los profesores intercambiaron miradas de confusión.