PARTE 2: EL VESTIDO QUE LE QUITÓ LA MÁSCARA

El día previsto para entregar el vestido, Chloe no apareció.

Nathan sí.

Se quedó frente al maniquí durante mucho tiempo.

—Es hermoso.

—Ese era el encargo.

—¿De verdad ibas a hacer su vestido?

—Claro.

Me miró.

—¿Por qué?

—Porque ella me contrató.

—¿No te dolía?

Pensé en ello.

—Sí.

—Entonces ¿cómo pudiste?

Sonreí.

—Porque el dolor no me obliga a perder profesionalidad.

Nathan bajó la cabeza.

Después preguntó:

—Si cancelo la boda…

—No.

Ni siquiera lo dejé terminar.

Sus ojos se levantaron.

—Emily.

—No quiero ser elegida porque la otra opción resultó complicada.

Aquella frase lo dejó en silencio.

Guardé el vestido dentro de su funda.

—Hace cinco años habría hecho cualquier cosa por escuchar que querías casarte conmigo.

Le entregué el paquete.

—Ahora ya no quiero casarme con el hombre que necesitó perderme para entender que podía hacerlo.

Nathan no tomó el vestido.

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