—Hace cinco años habría hecho cualquier cosa por escuchar que querías casarte conmigo.
Le entregué el paquete.
—Ahora ya no quiero casarme con el hombre que necesitó perderme para entender que podía hacerlo.
Nathan no tomó el vestido.
—Entonces ¿qué hago con esto?
Miré la prenda que Chloe había pedido inspirada en su gran historia de amor.
—Lo que quieras.
Apagué las luces del estudio.
—Nunca fue mi boda.
Meses después me enteré de que Nathan y Chloe no llegaron al altar.
No porque yo saboteara su matrimonio.
Sino porque, una vez que desapareció la mujer que resolvía silenciosamente los problemas de Nathan, ambos descubrieron cuánto de su romance dependía de una vida que yo mantenía funcionando.
Y Nathan comprendió finalmente la frase que Marcus le había dicho aquella primera noche:
algún día se arrepentiría.
Solo que se equivocaron en una cosa.
Creían que su arrepentimiento empezaría cuando eligiera a Chloe.