
La abracé y le expliqué que solo era un corte de cabello.
Pero entonces me miró entre lágrimas y gritó:
—¡No! ¡Mamá, por favor, no! ¡No quiero cortarme el cabello!
Todo el salón quedó en silencio. La levanté en brazos y la llevé al auto para que pudiéramos regresar a casa.