Sus familias habían decidido separarlos sin que ninguno de los dos conociera toda la verdad.
Pero había algo que todavía no entendía.
Si Harold descubrió todo aquello después, ¿por qué me lo ocultó durante más de seis décadas?
Encontré la respuesta en la siguiente página.
«Margaret, descubrí la verdad tres años después de casarme contigo.»
Mi corazón dio un vuelco.
Tres años.
No sesenta.
Harold lo había sabido durante casi todo nuestro matrimonio.
«Para entonces, tú y yo ya teníamos a nuestro primer hijo. Eleanor estaba casada y Thomas crecía creyendo que el marido de ella era su padre. Eleanor me pidió que no destruyera la vida del niño. Me dijo que algún día, cuando Thomas fuera adulto, ella misma le contaría la verdad.»
Cerré los ojos.
De repente, aquel secreto ya no parecía tan sencillo como una mentira.
Harold había tenido que elegir entre reclamar a su hijo y posiblemente destruir la única familia que el niño conocía, o permanecer en silencio.
Pero entonces encontré una fotografía mucho más reciente.
Harold tendría unos setenta años.
Estaba sentado en un banco de un parque.
A su lado había un hombre de unos sesenta.
Y los dos tenían exactamente la misma sonrisa.
No necesitaba leer el reverso para saber quién era.
Thomas.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
Harold había llegado a conocerlo.
Seguí buscando desesperadamente entre los documentos.
Había fotografías de Harold y Thomas tomando café, caminando por un parque y sentados juntos frente a un lago.
Después encontré una fotografía que me dejó completamente paralizada.
En ella aparecía Thomas.
A su lado había una mujer.