Algunos comentarios eran crueles, otros exagerados, pero la imagen más compartida fue la de Emiliano preguntándole a su padre:
—¿Por qué lastimas a mi mamá si ella tiene razón?
Mauricio llamó furioso.
—¡Haz que Raúl borre eso!
—Yo no publiqué nada.
—¡Pero estás disfrutándolo!
—No. Lo estoy usando como prueba.
Colgó.
Tres días después recibí una llamada inesperada de una mujer.
—¿Laura Mendoza?
—Sí.
—Me llamo Verónica. Necesito hablar con usted sobre Mauricio.
Pensé que era alguien de su trabajo.
No lo era.
—Yo llevaba seis meses saliendo con su esposo.
Sentí que me faltaba el aire.
Verónica comenzó a llorar.
Mauricio le había contado que nosotros estábamos separados, que yo me negaba a firmar el divorcio por interés económico y que él vivía prácticamente solo.
El supuesto viaje a Querétaro jamás existió.