Sentí un dolor repentino y afilado en el estómago.
Christina supuestamente estaba descansando tranquilamente en su apartamento del centro.
Rebecca, mi hermana menor, vivía al otro lado de la ciudad.
—¿Mamá te dijo algo más antes de que vinieras aquí?
Leo volvió a mirar hacia Florence.
Sus pequeños hombros temblaron bajo aquella chaqueta demasiado grande.
Entonces metió lentamente la mano dentro del bolsillo.
Sacó una minúscula memoria USB negra, con una esquina claramente arañada.
—Mamá me dijo que, si se quedaba dormida durante muchísimo tiempo, tenía que traerte esto y dártelo directamente a ti.
Durante varios segundos fui incapaz de mover un solo músculo.
Leo colocó suavemente el pequeño dispositivo de plástico sobre mi palma abierta y apretó sus dedos contra los míos.
Cerré la mano alrededor de aquella memoria fría y la guardé rápidamente en el bolsillo interior de mi chaqueta.