Y la respuesta estaba en sus propios papeles.
Esa tarde el camión permaneció en la propiedad de Tyler más tiempo del que yo esperaba.
Los trabajadores se movían de un lado a otro, pero la parte que me preocupaba no avanzó como estaba previsto.
Yo me mantuve de mi lado.
No quité marcas.
No abrí el candado.
No toqué la cerca.
Rachel había sido clara en algo que al principio me costó aceptar: cada vez que Tyler intentaba convertir el conflicto en una provocación personal, lo mejor que yo podía hacer era no ayudarlo.
Mi terreno no necesitaba que yo ganara una discusión a gritos.
Necesitaba que la línea real siguiera siendo demostrable.
Los días siguientes fueron extraños.
Tyler dejó de acercarse a la cerca para burlarse de mí.
La pérgola quedó sin terminar.
La zona de la alberca dejó de parecer una obra que avanzaba a toda velocidad.